SALUD SEXUAL Y SALUD MENTAL, CONECTADAS

Es importante poder conocer cómo se relacionan ambos ámbitos de nuestra salud, y también normalizar la conversación sobre ellos. En definitiva: más normalizar y menos silenciar.

La salud sexual y la salud mental están conectadas en tantos puntos que resulta difícil decidir por dónde empezar a enumerarlos. Lo más obvio: sentirnos bien emocionalmente hace que nuestras relaciones -de pareja, sexuales, y también con nosotros/as mismos/as- sean más satisfactorias. Tenemos más deseo, nos gustamos más, puede que tengamos más ganas de ligar, y también es posible que sintamos más placer (no sólo a nivel físico) en nuestros encuentros. Por la misma razón, cuando algo no va bien respecto a nuestras emociones o nuestro ánimo, es muy habitual que la dimensión erótica se vea afectada enseguida, y que el deseo y el placer pasen a un segundo plano.

Nuestra salud mental también agradece enormemente el acceso a la información sobre sexualidad. Tener dudas o cuestiones no resueltas puede generarnos ansiedad y preocupaciones.  Por eso, las personas que reciben educación sexual recogen un montón de herramientas que les permiten tomar mejores decisiones, prevenir los riesgos y no agobiarse en sus relaciones. Quitarse culpas, vergüenzas y miedos no sólo respecto a sus encuentros, sino también a sus vivencias. La educación sexual las ayuda a comprender que la diversidad es un regalo, que hay muchas formas de ser y de expresarnos, y que todas están bien. Que cada uno/a de nosotros/as es valioso/a y deseable.

Lo mismo ocurre con el acceso a los servicios y prestaciones sobre salud sexual. Poder acudir a un centro de detección de infecciones; salir de una consulta con una receta para un método anticonceptivo; poder interrumpir un embarazo con el que no se desea continuar, o tener la posibilidad de concertar una cita para hablar de cualquier dificultad, es esencial para garantizar nuestra salud mental. Sobre todo, si esa atención que recibimos es de calidad y sin juicios por parte de quien nos atiende.

Y, ¿cuántas veces nos hemos sentido insatisfechas/os con nuestra apariencia de tanto compararnos con la imagen de una influencer o con un [puñetero] filtro de belleza? Nos hemos tragado la idea de que la belleza normativa y la felicidad están relacionadas; y, aunque las redes nos proporcionan el reconocimiento y la aceptación que anhelamos, también funcionan como un catalizador de nuestras inseguridades. Para que te hagas una idea: hace no mucho se realizó un estudio en el que se pedía a un grupo de mujeres que navegaran por una serie de páginas sobre la fauna en África, mientras que a otras se les pedía que lo hicieran libremente por sus redes sociales. Sólo esa exposición, durante un periodo cortísimo de tiempo, hacía que las segundas experimentaran una mayor insatisfacción corporal, y que sus conversaciones estuvieran mucho más relacionadas con el aspecto físico.

Igual te sientes identificada/o con todo esto, pero has pensado que sólo te pasaba a ti. Y es que, que podamos hablar de ello y normalizar la conversación, influye en la comprensión de lo que nos ocurre y nos ayuda a normalizarlo. Contribuye a mejorar nuestra salud mental.

Así que….más normalizar y menos silenciar todo lo que tiene que ver con nuestra sexualidad.

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