Salir del armario…si tú lo decides

Si decides contar cuál es tu identidad u orientación sexual, hazlo a tu ritmo y siempre pensando en tu bienestar

Para muchas personas LGTBIQA+, salir del armario 🔑 -es decir, expresar abiertamente cuál es su identidad u orientación del deseo- es un momento significativo en su vida, una forma de decirle al mundo quiénes son realmente y de poder expresarse libremente. Pero también es importante recordar que salir del armario no es una obligación; hablar abiertamente de nuestra identidad o nuestra orientación es un proceso profundamente personal, y no siempre es necesario hacerlo, o hacerlo con todo el mundo.

Por otra parte, la imagen que a menudo se tiene de esto de salir del armario es que es un momento único, que sucede una vez y que luego se deja atrás. Pero la realidad para muchas personas LGTBIQA+ es diferente: cuando conocen gente nueva, cambian de entorno o se enfrentan a situaciones laborales o sociales, se ven en la obligación de “contarlo” una y otra vez, en un ciclo que resulta agotador. Especialmente cuando se encuentran dando explicaciones sobre aspectos de su vida que las personas heterosexuales o cisgénero no tienen por qué justificar ni aclarar.

Además, salir del armario no sólo es incómodo en muchas ocasiones, sino que además no es seguro. En una sociedad en la que aún existen prejuicios, discriminación y violencia hacia aquellas personas cuya identidad, orientación y/o expresión sexual no son normativas, tomar esta decisión puede ponerlas en situaciones de vulnerabilidad como tener que enfrentarse a miradas de rechazo, comentarios ofensivos o incluso situaciones de violencia.

Las mujeres lesbianas, además, sufren con frecuencia una sexualización inapropiada, que convierte su orientación o sus relaciones en una fantasía para otros. Comentarios como “qué solitas estáis, ahí falto yo” son ejemplos de la cosificación que muchas veces sufren, y que además perpetúa una visión errónea y dañina de las relaciones entre mujeres.

En definitiva, salir del armario es una experiencia que puede fortalecer nuestra autoestima y autoconfianza, pero no es algo que debamos sentir como una obligación o una presión. Cada persona tiene derecho a decidir cuándo, cómo y con quién comparte esa parte de su vida; algunas lo hacen con su círculo cercano, otras prefieren no hacerlo hasta sentirse completamente listas o seguras, y otras prefieren mantenerlo en su total intimidad. Nadie tiene derecho a exponer a otra persona, y todos/as deberíamos preguntarnos si estamos haciendo que quienes no rodean se sientan cómodos y seguros para hablar acerca de su intimidad, sin que eso les suponga ninguna obligación.

Por eso, si decides dar ese paso, hazlo a tu ritmo y siempre pensando en tu bienestar. No tienes que explicarle nada a nadie, a menos que tú lo decidas. Y si lo decides y la conversación se te hace muy cuesta arriba, aquí tienes algunas ideas que pueden ayudarte.

 

 

 

 

 

Sakina Saïdi for IPPF x Fine Acts

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