¿Son el amor y la amistad solo una cuestión de dopamina y oxitocina? Más allá de reacciones químicas, nuestros vínculos dependen del contexto en el que vivimos, de nuestras condiciones vitales y de nuestra estabilidad.
Cada vez hay más contenidos en redes sociales sobre las «personas vitamina» 💊, y un montón de publicaciones nos hablan de que ciertas relaciones pueden regular nuestro sistema nervioso y hacernos sentir mejor. Se han vuelto virales también algunas explicaciones sobre el amor y la amistad que los vinculan con mecanismos biológicos relacionados con neurotransmisores y hormonas como la dopamina, el cortisol o la oxitocina 🧠.
Y nos preguntamos…¿Es posible explicar el amor, la amistad o cualquier otro vínculo humano reduciéndolos a una simple fórmula química? 🤔
👉 El reduccionismo biológico y la trampa de lo individual
Explicar las relaciones en términos de energía positiva o química cerebral puede sonar útil, pero deja fuera una parte importante del asunto. Porque no se trata sólo de qué relaciones nos «suben la dopamina», sino de qué condiciones nos permiten construir vínculos sanos y seguros 🔗.
Porque, ¿qué pasa cuando la precariedad, el estrés del día a día, la falta de tiempo o la sensación de estar siempre al límite hacen que sea más difícil confiar, apoyarnos o simplemente estar presentes en nuestras relaciones? ¿Qué ocurre cuando las preocupaciones pesan tanto que no hay espacio para el cuidado o, simplemente, para disfrutar de una relación sin agobios? No es lo mismo hablar de bienestar emocional desde la estabilidad que desde un contexto donde hay estrés constante o incertidumbre 🤯.
Es verdad que las hormonas y otros mecanismos biológicos pueden influir en cómo nos sentimos con alguien, pero reducir los vínculos humanos a una ecuación química nos hace olvidar lo más importante: el amor y la amistad y el apoyo mutuo no dependen solo de nuestra biología, sino también del mundo en el que vivimos y de si tenemos las condiciones necesarias para crear relaciones que nos hagan bien 🤝.
👉 El problema de instrumentalizar las relaciones
Ojo 👁️ también con lo de las supuestas “personas vitamina”. Porque relacionarnos solo en función de lo que «nos suma» o «nos baja el cortisol» puede llevarnos a ver a las personas como herramientas para nuestro bienestar, en lugar de como personas con quienes compartimos nuestra vida y que son cambiantes, contradictorias…como todas. Ni somos máquinas de serotonina, ni el amor y la amistad funcionan como un intercambio en el que siempre recibimos una dosis de bienestar.
A veces, las personas a las que queremos están pasándolo mal, agotadas, sin energía para darnos esa vitamina y hacernos sentir bien. Y eso no significa que tengamos que alejarnos. Del mismo modo, hay momentos en los que nosotros/as tampoco estamos en nuestro mejor momento y más que V de vitamina somos V de veneno; y no por eso dejamos de merecer compañía, cuidado o apoyo 🤗.
Las relaciones no van sólo de lo que podemos recibir cuando todo va bien, sino de aprender a estar ahí cuando la otra persona lo necesita, y de acompañar sin que todo tenga que ser fácil o perfecto. El amor y la amistad no son sólo felicidad instantánea, sino también sostén, paciencia y cuidado mutuo en momentos difíciles 🫂.
👉 Más allá de la bioquímica: el amor como un hecho social
El bienestar en las relaciones no es solo una cuestión de neurotransmisores. Factores como la confianza, la reciprocidad, la construcción de comunidad y la equidad son clave. ¿No estaría bien pensar en el amor y la amistad como un espacio de resistencia frente a una sociedad hiperindividualista? 🤔 Frente a la psicología pop, que se empeña en decirnos que todo depende de nuestra actitud, de elegir bien a las personas y de alejarnos de la «gente tóxica», necesitamos enfoques más sociales y políticos sobre nuestras relaciones y nuestra salud física y mental.
Imagen: Anina Takeff for CoGenerate x Fine Acts