Imagen: Benedikt Geyer.

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Miguel paseaba tranquilamente un domingo cualquiera, iba feliz recordando la noche anterior, fue mágica y se lo pasaron genial, pero había algo que le preocupaba, un pensamiento rondaba su cabeza y no le dejaba del todo tranquilo. Es cierto que llevaba mucho tiempo esperando a que pasase aquello, tenía muchas ganas y por fin el sábado llegó ese momento tan especial e íntimo con Sara. Se sentía muy atraído por ella y desde luego la excitación fue mutua, pero hoy estaba algo preocupado, había algo que no le dejaba disfrutar plenamente del recuerdo de esa noche.

Disfrutaba pensando cómo se había dejado llevar por la magia de la noche y mientras se divertían él miró de reojo la mesilla de noche, ahí tenía guardados unos condones, pero estaba siendo todo tan especial, tan fluido que no quiso estropearlo y cortar el rollo de preguntar o de pararlo todo para coger un preservativo, así que ni si quiera lo hablaron y pasaron de las caricias, los besos, las masturbaciones mutuas a la penetración. En resumen, fue una pasada para ambos. Pero Miguel empezó a pensar que si ella no había propuesto ponerse un preservativo era porque debía estar tomándose la píldora o algo así, así que dejó el tema y siguió disfrutando, o intentando hacerlo porque la verdad… no estaba 100% tranquilo y hoy, domingo, cada vez estaba más preocupado. ¿Y si le había transmitido alguna ITS? ¿Y si ella no usaba otro anticonceptivo y se había quedado embarazada? Si lo había hecho así con él, es probable que también lo hubiese hecho sin condón con otras personas… A medida que estos pensamientos ocupaban su cabeza con más intensidad, más se empezaba a preocupar, más y más dudas venían, cuanto más recordaba el encuentro, más angustia le entraba, ya no recordaba el disfrute, ahora solo pensaba en lo que se arrepentía de haberlo hecho.

Es fastidioso que planeemos y disfrutemos un encuentro erótico con muchísima magia y placer para que todo se venga abajo y empecemos a preocuparnos, y de lo que podía ser un recuerdo maravilloso solo nos quede la angustia. ¿Por qué a Miguel le costó tanto sacar el tema del condón? ¿Por qué Sara tampoco dijo nada? ¿Estará ella pasando el mismo mal trago que Miguel?

Muchas historias como esta pasan una y otra vez, a veces hay uno de los dos que sí saca el tema y propone utilizarlo pero la otra persona no está muy a gusto utilizándolo y al final la otra cede. De hecho parece que esta última versión suele ser la más habitual de todas.

Para muchas parejas o personas que tienen un encuentro erótico, se conozcan o no, a veces supone un motivo de conflicto y deja ralladx a más de unx. Estas son algunas de las razones que solemos encontrarnos para evitar utilizar el condón y algunos argumentos que tratan de desmontarlas:

  • Son caros. Es cierto que comprarlo en farmacias puede suponer un gasto mayor de lo que nos podemos permitir, pero en los supermercados suelen ser un poco más baratos. También podemos obtenerlos en un Centro Joven o en otras asociaciones, centros de salud… de forma gratuita con la misma calidad que los de marca.
  • Se puede romper. Sí es cierto, a veces se rompe. Pero cuando esto ocurre es porque no está bien puesto. Pasan muchos, muchos controles donde realmente prueban que sean muy resistentes, si se rompen es porque probablemente se haya puesto dejando aire en el depósito y con la fricción se pinche o ranje. Por eso está bien que practiquemos un poco su colocación y cuando vayamos a utilizarlo en un encuentro podamos saber que está bien puesto.
  • Me corta el rollo, hay que pararlo todo. Esto tampoco tiene por qué ser cierto, somos libres de elegir lo que nos gusta hacer y cómo lo hacemos, responsabilizarnos de nuestro placer es uno de los pilares para el disfrute, así que podemos ser creativos y erotizar el preservativo. Y ya que nuestra pareja nos está diciendo que si no lo usamos no lo hacemos, ¡seamos adultos y hagámonos responsables!
  • No siento lo mismo. Con o sin no es lo mismo ok, es diferente, pero no tiene por qué ser peor. Además hay mucha variedad en el mercado y si te preocupa no sentir lo mismo, puedes probar diferentes texturas, con estrías, etc. También los hay extra finos para permitir una sensación lo más parecida al “piel con piel”.

Sin embargo, sean del tipo que sean, el látex es un material lo suficientemente fino como para permitir sentir el tacto casi como si no se llevase nada puesto. Además, el placer y la excitación están en el cerebro y muchas veces decir lo de “no siento lo mismo” es una excusa para no utilizarlo, más que una razón real y si es así, siempre se puede optar por hacer otro tipo de prácticas y pasárnoslo genial y disfrutar un montón, sin necesidad de exponernos a infecciones o embarazos no planificados.

  • Se me baja cuando llega el momento de ponérnoslo. Bueno, pues esto es algo más frecuente de lo que puede parecer. ¿Cómo lo manejamos?

En primer lugar, porque estamos demasiado centradxs en la penetración, le damos mucho más protagonismo que a cualquier otra práctica y esto puede hacer que aparezcan nervios y si tenemos que parar para ponernos uno como si fuese “el gran momento” puede ser frecuente que se baje la erección. Así que podemos pensar que la  penetración es una práctica ni mejor ni peor que otra, simplemente algo que a lo mejor nos apetece hacer, pero no la protagonista a la que estamos esperando con ansia.

Luego, podemos tratar de erotizarlo un poco, podemos jugar y ayudarnos de la boca para ponerlo, seguir excitándonos con las palabras, las miradas, etc. podemos seguir masturbándonos con un condón puesto para mantener la erección y si nos apetece, pasar a la penetración, o no.

Os invitamos a ser creativxs e imaginar otras formas de darle morbo al preservativo.

  • Si te lo propone es porque no confía en ti. La confianza no va a protegernos de una ITS o de un embarazo no planificado. De hecho, protegerse es cuidarse a uno mismo y al otro/a, y cuidarse va de quererse.
  • Controlo perfectamente. Si lo que queremos es disfrutar relajadamente, estar todo el rato pendientes de parar a tiempo no parece la mejor forma de estar tan relajadas/os. Además, usando un preservativo, podemos dejarnos llevar y no parar cortándonos el rollo.

Estas eran algunas de las razones más frecuentes, que muchas veces son excusas o mitos que podemos desmontar, así que si se os ocurren más formas de ser creativas/os, ¡sean bienvenidas!

Recordemos que disfrutar de nuestros encuentros eróticos es una de las razones por las que nos gusta hacerlo y por eso es importante que ese disfrute sea auténtico y cuando hayamos terminado no se convierta en rallada.

Nos gusta pensar que los encuentros son para disfrutarlos antes, durante y después. Disfrutamos antes cuando lo planificamos, lo pensamos, chateamos con la otra persona para quedar, o pensamos en la ropa interior que nos vamos a poner, etc.

Y disfrutar después es también algo enriquecedor, porque es muy agradable y excitante recordar los buenos momentos, cada vez que nos venga a la mente y pensemos en lo bien que nos lo pasamos, ¡que no venga ningún pensamiento negativo a invadir nuestros bonitos recuerdos!

¿Te lo pones?