Imagen: Pequeña Miss Sunshine

Solo necesitas 5 minutos para leerlo. ¡Palabrita del CJAS!

Mi amiga Pili se miraba al espejo y no podía dejar de escuchar una voz en su interior: parecía una pequeña Pili vestida de militar que se había adueñado de su ser y daba órdenes, criticaba y juzgaba sin parar. “¿Dónde crees que vas con esos pezones invertidos?” “Así no le vas a gustar a nadie”. “¡¡Es horrible!!”.

Lo que Pili no sabía es que esta vocecita tan molesta no era ella misma, no. Esa voz venía de otro lugar y parecía dispuesta a quedarse, pues cuanto más triste y deprimida se sentía Pili, más grande y poderosa era la voz -llamémosla Bruja Malvada, por ejemplo-. La Bruja Malvada, como os decía, venía del exterior, llevaba toda la vida fraguándose dentro del mundo interior de Pili y se había hecho fuerte porque se nutría de todos los mensajes que nuestra amiga llevaba escuchando toda su vida, escuchaba su voz por la tele, en su madre, en sus amigas y amigos en el cole, la sentía en las miradas de la gente por la calle, lo veía en la mirada de su madre, preocupada por su pequeña Pili que tenía defectos. La madre de Pili tenía a otra Bruja Malvada dentro de sí misma y era muy fiel a ella, siempre seguía sus consejos.

Después de su habitual dosis de críticas frente al espejo, Pili se vistió y salió de casa para ir al instituto. Cómo no, su malvada amiga la acompañaba subida a su hombro, y no os penséis que solo la criticaba a ella, siempre que encontraba el momento le decía cosas sobre la gente que veía pasar, “¡mira esa que culona!”, “y ese de ahí, ¡qué bajito!, seguro que nadie le quiere”… Desde luego para Pili era algo tan pesado como cotidiano.

Cuando iba a doblar la esquina casi se choca con un chico que iba a toda prisa, le dejó pasar y con los ojos como platos se quedó perpleja: ¿era real lo que acababa de ver? Aquel chico llevaba también al hombro un miniyo vestido de militar y con la misma cara de malas pulgas que su Bruja Malvada. ¡Madre mía! Dos chicas que caminaban frente a ella cargaban también a sus respectivos seres malvados sobre sus hombros. Pili estaba flipando, a su alrededor todo el mundo cargaba una miniatura malhumorada que cuchicheaba sin parar sobre sus hombros. Pili no sabía qué pensar ¿acaso todo el mundo tenía un ser tan crítico en su interior?

Por desgracia nada de lo relatado aquí es ficción, tal vez nuestra amiga Pili tenga demasiada imaginación, o una extraña habilidad para percibir el mundo interior de los demás, pero lo cierto es que quien más y quien menos, todos llevamos a un mini-yo dispuesto a sabotearnos para que  nunca podamos estar del todo a gusto con el cuerpo que habitamos o con nuestra forma de ser, nuestros deseos, emociones… y un sinfín de características que cada unx tiene y le hacen ser diferente. Y es que así es, hay una norma que dice que los cuerpos han de ser de una determinada manera y los miniyo que llevamos dentro tienen un infinito miedo a no cumplir esta norma, por eso nos dan la tabarra todo el tiempo, porque están aterrados de que los demás vayan a juzgarnos tan duramente como ellos mismos lo hacen con nosotrxs.

Y es cierto que a veces cuesta muchísimo aceptarse y dejar de escuchar las críticas que llevamos dentro. Pero hagamos un ejercicio de reflexión y pensemos si de verdad nos sirve de algo permitir que esas críticas campen a sus anchas.

Si Pili bajase un poco el volumen de la bruja y empezase a hablarse con otras palabras tal vez descubriría en su interior que su cuerpo es de ella y de nadie más y sus pezones invertidos tienen una belleza que todavía no conoce. Porque ella y todo el mundo merece un poco de amor propio, tratarse mejor y ponerse unas gafas nuevas para mirar su cuerpo. ¿Y qué pasa si no tiene el tamaño que dicta la moda? O el color, aspecto, forma, etc. ¿No creéis que es aburrido que todo el mundo trate de tener un cuerpo cortado por el mismo patrón? ¿No creéis que es triste machacar la casa en la que habitamos solo porque alguien haya dicho que es diferente?

Así que os invitamos a que un día probéis a coger a vuestra bruja malvada, la sentéis en una silla y le digáis muy seriamente que hoy no va a ir con vosotrxs, hoy se va a quedar en casa mientras salís a disfrutar de vuestra belleza. Imaginad a todas esas personas que Pili veía pasar y en vez de miniyo cabreados llevasen unas gafas de corazones ¿no sería mucho más fácil si nos mirásemos con un poquito más de amor y dedicásemos toda esa energía que malgastamos en tratarnos mal a hacer cosas que de verdad nos sumen y aporten cosas buenas a nuestras vidas?

Entendamos que alguna vez esas brujas y brujos malvados aparecieron en nuestro interior para alertarnos de lo que la sociedad esperaba constantemente de nosotrxs, agradezcamos que han querido protegernos de las críticas pero su función ya ha caducado y ahora mismo no son más que un lastre que llevamos sin cuestionar. Nuestro cuerpo es muy útil y sirve para muchísimas más cosas que ser juzgado, de hecho esa función podemos suprimirla. No querría pasarme con la ñoñería, no vaya ser que a alguien le suba el azúcar con tantos corazones, pero si me permitís la invitación, ¡vamos a utilizar estos cuerpos que tenemos para disfrutarlos y vivirlos como se merece!

¡Feliz San Valentín, Feliz Día de la Salud Sexual!