Que te presionen para hacer algo que no quieres. Que te hagan fotos en la playa sin tu consentimiento. Tratar a una mujer trans en masculino. No recibir atención ginecológica adecuada por ser lesbiana. Que tus amigas te llamen “guarra” por masturbarte. No saber que el aborto es legal y gratuito. El rechazo social a las personas con VIH+. Que en la farmacia te digan que la pastilla del día después solo se puede tomar tres veces. La esterilización forzada de mujeres con diversidad funcional. Tener relaciones sexuales no placenteras. Los comentarios racistas sobre los genitales de las personas negras. Que la única fuente de información sobre la sexualidad sea el porno.

¿Eres capaz de identificar algún nexo común entre estas situaciones? Sí. Todas ellas suponen una violencia para quienes las viven. Todas son vulneraciones de nuestros derechos sexuales y reproductivos.

Aunque mucha gente no lo sabe, tenemos reconocido el derecho a vivir nuestra sexualidad de forma libre, segura y positiva. Los derechos sexuales y reproductivos nos garanticen la posibilidad de disfrutar de nuestros cuerpos y relaciones sin discriminaciones y violencias. Nos facilitan a tomar decisiones respeto a si, como y cuando tener descendencia. Dicho de otra forma, son un son medio para garantizar la salud sexual y reproductiva.

Estos derechos fueron recogidos en un documento en el año 1997, la Declaración Universal de los Derechos Sexuales y Reproductivos. En realidad, hay otros tratados y convenciones internacionales sobre la materia, pero lo más importante aquí es tener claro que los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos. Y como tal, también son para todas las personas (universales), de forma incondicional (inalienables) y se deben respetar de forma conjunta, dado que están interrelacionados y son interdependientes. Eso quiere decir que, si se vulnera uno de ellos, se están vulnerando también los demás derechos.

Muchas personas, especialmente las más jóvenes o las que conforman colectivos vulnerabilizados (personas con diversidad funcional, cognitiva o psicosocial, personas migrantes y/o racializadas, LGBTIAQ+, seropositivas, etc), desconocen sus derechos en el ámbito de la sexualidad y la reproducción. Eso puede conllevar a que sean invisibilizados, no garantizados o vulnerados. De ahí la importancia de conocerlos, reivindicarlos y promoverlos.

De ello depende poder desarrollar con garantías nuestra sexualidad y usufructuar de ella de forma autónoma y satisfactoria. Para lograr ese objetivo también es necesario que podamos reconocer a nuestros derechos (y posibles vulneraciones) en lo cotidiano y seamos capaces de aplicarle una mirada interseccional. Es decir, reconocer las diferentes opresiones que nos atraviesan y que nos dejan en una posición más o menos vulnerable.

Elegir libremente las prácticas eróticas y el modelo de relación que más te apetecen. Disponer de información y autonomía para experimentar y construir tu sexualidad. Vivir y expresar tu orientación e identidad de género. Pode cuidar tu salud sexual sin discriminaciones y prevenir ITG y embarazos no planificados. Disponer de información y acceso a métodos anticonceptivos, incluida la anticoncepción de urgencia y la interrupción voluntaria del embarazo. Recibir información sexual basada en el conocimiento científico, libre de prejuicios y supuestos morales, adaptada a los diversos contextos y etapas vitales y teniendo en cuenta la diversidad. Expresar y ver reconocida intimidad, nuestros deseos, preferencias, límites y emociones en un marco de respeto, cuidado y buen trato.

Todo ello es tuyo y de todes. Conocer y dar la voz de cuales son nuestros derechos sexuales y reproductivos no solo es una manera de evitar que se vulneren e implicarnos en su defensa. Es poner en el centro la libertad, la autonomía, la integridad y sobre todo el placer.

Desde ahí, podemos construir relaciones y vivencias muchos más satisfactorias, cuidadas y gozosas. Y de paso contribuir a que esto sea una realidad para todas las personas, especialmente para las más vulnerables.

¿Te vienes?