Imagen: Luis Villafranca.

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Internet es una herramienta imprescindible. Existen aplicaciones para ayudarnos a resolver todo tipo de situaciones en todos los ámbitos de nuestra vida. Y las relaciones, las eróticas y las de pareja, no son una excepción.

Podríamos trazar una línea en un papel y escribir, a un lado y a otro, las ventajas e inconvenientes de este tándem internet-relaciones: permite que las personas tímidas se sientan más seguras a la hora de ligar. Pero la comunicación escrita conlleva a veces malos entendidos. Y también ayuda a que las parejas que están lejos se sientan más cerca. Pero claro, ¿quién no ha escuchado el caso de alguien que, tras un tiempo chateando con otra persona, descubrió que estaba siendo engañado/a?

Esto va a sonar a topicazo, pero es así: las bondades y maldades de internet dependen en exclusiva del uso que hagamos de esta herramienta. Porque, lejos de la demonización que a veces se hace, estamos hablando de eso, de una herramienta. Y, lo más importante, internet, el omnipresente internet que nos ha cambiado profundamente como sociedad también en lo que al amor y la erótica se refiere, es algo que que no podemos eliminar de nuestras vidas.

De hecho, seguro que conoces a alguien que ha enviado fotos eróticas a través de internet. O quizás lo hayas hecho tú. O tal vez las has recibido. Esta práctica basada en enviar contenido erótico por internet y, especialmente a través del móvil, ya tiene nombre y se llama sexting.

¿Se trata de algo habitual? La verdad es que sí. Porque conecta clarísimamente con algo profundamente humano: nuestra necesidad para compartir información personal a la hora de establecer relaciones. De hecho, lo que hace que una relación se convierta en íntima es precisamente eso. Nuestros mejores amigos y amigas conocen nuestros secretos, nuestros anhelos, nuestras frustraciones, los detalles de nuestra infancia. Nuestras parejas conocen a nuestra familia, nuestro círculo de amistades, los defectos que tratamos de ocultar en otros contextos. Las personas con las que mantenemos encuentros eróticos comparten la intimidad del cuerpo. Son relaciones íntimas precisamente por eso y el papel que juega internet en ese sentido es vehicular; se trata de un canal al servicio de ese fin.

Pero es que, además, internet ofrece algo que facilita enormemente ese intercambio erótico: la virtualidad y la inmediatez. No es lo mismo mostrar el cuerpo desnudo de forma presencial que en la distancia. Ni es lo mismo conseguir que eso surja cara a cara con la otra persona que necesitar únicamente dos clics para hacerlo, especialmente en un contexto en el que la excitación y la urgencia mandan.

Seguro que estás pensando que, en determinadas ocasiones, compartir información muy privada y personal puede hacernos sentir expuestos/as, sobre todo si no existe reciprocidad. Existe un riesgo puesto que, incluso confiando en la otra persona, ésta puede compartir la información con otros/as. Y que, además, compartir información utilizando internet implica que ese riesgo sea mayor, puesto que la otra persona tiene una “prueba” de lo que se ha compartido. Esta información puede distribuirse, incluso cuando se está seguro/a de que la otra persona nunca haría eso.

Y no te falta razón. Por eso vamos a contarte qué puedes hacer para disfrutar de esta práctica sin agobios. Se trata de aplicar la fórmula +planificación, – rayadas, + placer. Y, ojo, hemos dicho disfrutar porque nos estamos refiriendo al sexting como una práctica más que puede formar parte del “menú erótico”. Es decir, parte del deseo, es acordada y nos produce placer. Y, como ocurre con el resto de prácticas, si alguna de esas tres cosas no está presente, entonces ya no estamos hablando de sexting, sino de otras cosas.

No es sexting:

– Enviar fotografías a una persona y que las comparta.

– Hacerse pasar por otra persona para recibir fotografías.

– Chantajear o amenazar a otra persona para que envíe fotografías.

Las relaciones que establecemos

Apuesta por relaciones basadas en el respeto, la confianza y el deseo mutuo. Es genial, de hecho, hacer esta confianza explícita: “esta foto es sólo para ti, porque confío en ti”.

Ese marco de confianza debería funcionar como un acuerdo entre ambas personas, donde lo importante es disfrutar y respetar a la otra persona. Muchas veces se reenvían fotos a terceros porque no se es consciente de que, al hacerlo, no estamos cuidando a la otra persona y estamos traicionando su confianza. Además, compartir contenido personal que llega a nuestro móvil, de forma directa o indirecta, es un delito.

El contenido que compartimos

Si te haces fotografías o vídeos, trata de evitar la información que te identifique fácilmente.

  • No muestres tu cara si aparece tu cuerpo desnudo (o viceversa).
  • No utilices tu voz si decides grabar un vídeo en el que apareces desnuda/o.
  • Evita que aparezcan tatuajes, cicatrices o escenarios que te identifiquen.

Las aplicaciones que utilizamos

Cada aplicación tiene unos niveles de seguridad distintos. Por eso es importante saber cuáles nos ofrecen un mayor grado de protección a la hora de practicar sexting.

  • Telegram cuenta con chats secretos que no permiten que la otra persona haga capturas de pantalla, guarde los contenidos que le envías o pueda acceder a la conversación tiempo después si decides programar los mensajes para que desaparezcan automáticamente.
  • Snapchat también tiene unos niveles de seguridad muy altos y permite que los contenidos desaparezcan transcurrido un tiempo, que los mensajes enviados se eliminen al leerse y que se las capturas de pantalla sean notificadas a la persona que ha generado el contenido.

En definitiva, recuerda que con tu móvil todo vale, siempre que sea deseado, consentido y acordado.