Existe mucha literatura sobre el VIH: qué es, cómo se transmite, en qué se diferencia del sida, cuál es el tratamiento… Todo está en Google. Llevamos la información encima. Literalmente. Pero nada. A la hora de la verdad lo más que sabemos del VIH es el nombre. Andamos por lo general desinformados y parece que también hemos perdido el miedo. O eso dice la tele ahora; esa en la que lo que no sale, no existe. Quizá el mensaje, a base de ser repetido, se ha dejado por el camino su fuerza y credibilidad originales. Como pasa con el tabaco o los accidentes de tráfico, que a más campañas, peores números. También puede que el mismo mensaje haya dejado de ser válido: el miedo vende tan rápido como se olvida. O quizá, lo que hayamos olvidado es que ser joven es también sentirse, hasta cierto punto, inmortal.

Hasta que te toca la china. Porque el VIH no discrimina. No entiende de sexo, raza, religión, estatus socioeconómico… V. se enteró de que tenía VIH con 24 años. Perplejidad, incredulidad, negación, miedo, desazón, tristeza y aceptación. Por ese orden transcurrió su periplo emocional. Mantuvo un encuentro erótico sin preservativo. Uno. La duda se estaba convirtiendo en ansiedad a marchas forzadas. No podía aplazarlo más. Se suponía que iba a ser un mero trámite, una cuestión rutinaria para verificar el buen estado de su salud, como en las ocasiones anteriores, y acabar de esta forma con la rayada. Pero el test dio positivo. Lo primero que pensó fue que iba a morir. Lo segundo, en cómo se lo diría a su gente. Lo tercero, que no podría tener relaciones sexuales durante el resto de su vida.

Ni lo primero ni lo último. De acuerdo que lo mejor es no tener VIH, pero fallamos sistemáticamente en el lanzamiento de un mensaje muy positivo: hoy, tener VIH, no es una sentencia de muerte. Tampoco significa la renuncia eterna a los encuentros eróticos.

Para ello es vital no solo hablar de sexualidad sino cuidar de nuestra salud sexual y, por extensión, de la del resto. Ser valientes y hacerse cuanto antes la prueba rápida, obtener el diagnóstico, tratarse y vivir. Vivir con la infección crónica, pero vivir. Y vivir bien. No enfermar, no desarrollar sida y no transmitir el VIH es posible. Indetectable es intransmisible.

Somos más atributos que un nombre y un estado serológico. A V. vinieron a buscarla sus amigos inmediatamente. No dejaron de repetirle que seguirían siendo los cinco, como siempre. Se marchó decidida a aprobar la prueba de acceso a la universidad y estudiar matemáticas. Tenía mucho por hacer.