El 4 de septiembre ha sido el Día Mundial de la Salud Sexual. Y en el Centro Joven de Atención a la Sexualidad lo hemos celebrado preguntándoos durante toda la semana qué es para vosotros/as precisamente la salud sexual. Ya sabéis, no nos gusta dar por hecho lo que pensáis.

A continuación, una muestra representativa de vuestras respuestas: “cuidado de enfermedades y embarazos”, “salud íntima. Cuidado de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS)”, “conocer los riesgos reales y respetarlos”, “disfrutar del sexo, previniendo cualquier tipo de enfermedad sexual”, “conocer los diferentes métodos anticonceptivos”, etc. En definitiva, manejáis la idea de que la salud sexual tiene que ver con la ausencia de enfermedad.

Pero también existen otras contestaciones, menos habituales, que hechas incluso desde el humor pudiese parecer que nada tienen que ver con esto de la salud sexual y, sin embargo, dan cuenta de otros aspectos que están íntimamente ligados al asunto que nos ocupa: “que me coman como quiero”.

Resulta que la salud sexual es un concepto mucho más amplio en el que tienen cabida aspectos que van más allá de la prevención y la enfermedad: la satisfacción, el consentimiento, el respeto a mis derechos y decisiones, el PLACER…

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud sexual como un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia.

¿Qué pasa con el disfrute, el sentirse a gusto con uno/a mismo/a…? ¿Por qué dejamos todo esto de lado? ¿No es importante? ¿No es salud?