Ilustración: @lyona_ivanova

Solo necesitas 4 minutos para leerlo. ¡Palabrita del CJAS!

 

Ríos de tinta -léase con tono engolado- han corrido acerca de los juguetes sexuales. Ojo con el correrse, que de algo así va el post de hoy. El último no tiene término medio: lo amas o lo odias; eres de las que crees que se trata del último gran invento de la humanidad o de las que dices que no te mueve ni el flequillo. Ok, nos encanta la diversidad.

 

Que el succionador ha contribuido a visibilizar y colocar el clítoris en su sitio, sí. Que ha democratizado el orgasmo de las mujeres con vulva y ha disparado la conversación social sobre nuestro placer, también. Pero que hay varios detalles en torno a este exitoso aparato que no nos encajan… de eso vamos a hablar. No nos tachéis de incongruentes por haber sorteado uno esta semana, ir a la moda no está reñido con la reflexión.

 

La industria de la juguetería sexual vende, junto con el Satisfyer, ideas asociadas a su consumo:

  • Frente a la represión anterior, libertad actual.
  • Usar estos dispositivos es un acto propio de la mujer moderna, independiente y liberada.
  • Descubrirás tu disfrute.
  • No necesitas a nadie más.

 

¿Quién no quiere ser libre, independiente y pasárselo bomba? Excelente campaña de marketing… Pero atenta a esto otro:

 

  • El succionador, como la mayoría del resto de sus compañeros, fijan nuestra atención en los genitales, y solo en ellos. Refuerzan una queja actual: ¡el coitocentrismo! Como si el pene y la vagina (o la vulva, depende de la zona) fuesen los únicos protagonistas, como si solo experimentásemos placer a través de ellos y, por supuesto, la penetración.

 

  • Estos artificios elevan a ventaja el ‘llegar’. Vale que orgasmar (con independencia de si hay eyaculación, squirting, nada o dependes) puede ser muy satisfactorio. Pero, ¿por qué rápido? Olvídate, en un encuentro erótico no vamos a perder el autobús, al contrario, podemos llegar al destino deseado habiendo visitado otros lugares de paso, es decir, podemos saborear el éxtasis viéndose éste potenciado por otras muchas sensaciones que solo la calma, las ganas, la curiosidad, nos permite. No confundas esta apología de la lentitud con un ‘ama lento siempre’. Ante todo, haz lo que te plazca.

 

  • El Satisfyer está reavivando un mito que creíamos superado: ¿orgasmo vaginal o clitoriano? Como cualquier mito, es incorrecto. A priori, puede resultar razonable pensar que como el cacharrito estimula directamente el único órgano cuya función es el placer, los orgasmos que genera provienen de esa parte del cuerpo. ¿Podríamos afirmar entonces que si solo me estimulan las orejas he tenido un orgasmo ‘orejil’?

 

El clítoris cuenta con más de 8.000 terminaciones nerviosas. Y a pesar de que solo el glande y el capuchón son perceptibles, tiene más partes que se extienden internamente. Por tanto, cuando estimulamos la zona de maneras tan diversas como amantes existen, todo el órgano entra en funcionamiento. Y no solo: el cuerpo, la piel, mis sensaciones, mis emociones, mis deseos, mis expectativas, mis interpretaciones, mis experiencias pasadas… Con todo ello me acuesto en la cama. Merece la pena recordar las palabras de Valerie Tasso: ‘un orgasmo no se tiene, te permites tenerlo’. El orgasmo es una experiencia que va más allá de la fisiología, en ella se imbrican los alambres de nuestras dimensiones psicológicas y sociales.

 

  • Y por último, a colación de los amantes individualistas que prometen los juguetes sexuales en general y el succionador en particular, resulta que luego una se percata de que precisamente, por encima del gustirrinín en los genitales y la soledad, lo que muchísmos hombres y mujeres anhelan en realidad es el encuentro con el/la otro/a. Porque somos seres relacionales, porque buscamos encontrarnos y compartimos de la mejor manera que sabemos. De ahí los estragos del confinamiento…

 

Al avanzar, a veces, el impulso que cogemos es tan grande que acabamos en el extremo opuesto, y esa inercia no es necesariamente la más liberadora de todas. No creas que tienes un problema si el succionador que te han regalado por tu último cumpleaños no te dice ni mu. Y recuerda, como sugiere Efigenio Amezúa, que ‘cuando los placeres no dejan ver el deseo, éste corre el riesgo de difuminarse entre los genitales’.