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Se tiende a pensar que las personas con discapacidad (física o intelectual) no están hechas para tener sexualidad y qué gran equivocación.

¿Cuántas veces habremos visto esas miradas de lástima? ¿Esas afirmaciones sin fundamento? ¿La sobreprotección? ¿La negativa ante los deseos? O ¿La sanción?

Aunque es cierto que existen muchos casos donde la propia ignorancia y el miedo a que los seres queridos con discapacidad sufran nos nublen el juicio, la existencia de la educación sexual, el asesoramiento sexológico y la terapia sexual están para ofrecer y ofrecernos herramientas, visibilizar realidades,  acompañar y trabajar en la toma de sus propias decisiones.

Todas las personas somos seres sexuados y por ello, tenemos sexualidad. Tenemos identidad sexual en base a las mujeres y los hombres que somos. Tenemos sexualidad en base a las maneras de vivirnos y de sentirnos en base a las mujeres y hombres que somos y por último, tenemos erótica, que son las expresiones de nuestros deseos en base a las mujeres y los hombres que somos. La erótica puede ser compartida con otras personas o puede ser autónoma, erótica es. No hay una única forma de practicarla, ni posee zonas de específico y único placer, podemos disfrutar de todo nuestro cuerpo de principio a fin y es lo que lo convierte en fundamental. No podemos no tener sexualidad, porque negar la sexualidad, sería negar el sol.

Algunxs tendrán la suerte y el privilegio de vivirla de las maneras más satisfactorias posibles (algo que todxs necesitamos y es a lo que tenemos que aspirar) pero, a otras no les ha tocado o les tocará viajar por ese camino de rosas. Algunas personas quedarán desterradas del ideario de vivir su sexualidad de manera plena, disfrutada y consciente, ya sea por negación, por imposición de terceros/as, por desinformación, por estigma, por inseguridad, por miedo…por tantas cosas que un blog se nos queda corto para enumerar.

Por tener diversidad funcional no se eliminan las sexualidades. No podemos eliminar el ser hombre o mujer. No se eliminan los deseos, los amores, la piel de gallina, las ilusiones, las fantasías, los afectos, las peleas por el trozo más grande de tarta, los juegos, esos planes de futuro, esas ganas de sudar, los desencuentros, la crianza, el compartir una misma almohada, el viaje en avión que siempre queda por hacer, una caricia en el metro, las manchas y las arrugas en las sábanas, los cines de los sábados, las pupilas dilatadas, las conversaciones interminables hasta que nos sorprenda el toque de queda y todos esos entresijos que conforma la sexualidad de TODAS las personas.

Porque la sexualidad es diversa y no necesita permiso para existir, de hecho, ya fluye de manera independiente en el día a día de todas las personas, las que tienen discapacidad y las que no también, siendo estas un culmen de experiencias que configuran el hecho sexual humano, que es infinito y plural

…y menos mal.