SEXUALIDAD 

Hablamos de sexualidad para referirnos a la forma única e irrepetible en que cada hombre y cada mujer se siente hombre y mujer. Todas las personas somos únicas e irrepetibles, por lo que hay tantas sexualidades como personas. Recuerda que sexo y sexualidad tienen la misma relación que persona y personalidad.

La sexualidad tiene que ver con la forma en que expresamos nuestro sexo, la forma que tenemos de ser y parecer hombres y mujeres.

Para ello, es importante conocernos (cómo es nuestro cuerpo, cómo penamos y sentimos, cómo hablamos, qué cosas nos gustan y cuáles no), para aceptarnos (nuestros cuerpos, nuestras virtudes, nuestros fallos y nuestras limitaciones) y expresarnos (hablarnos, desearnos, tocarnos, mordernos, pensarnos…) de una forma coherente con nuestras ideas.

Esto no es un camino fácil. A lo largo de toda la vida iremos educando nuestra sexualidad: desde la tierna infancia, cuando establecemos el vínculo afectivo con nuestras figuras de referencia, mientras jugamos cuando somos pequeños y pequeñas, todos los cambios que experimentamos durante la pubertad, las habilidades que desarrollamos para relacionarnos con las personas del sexo contrario y del nuestro propio van a formar parte de nuestra sexualidad.

Para la Sexología, la erótica comprende todos los comportamientos, sentimientos, emociones, pensamientos e ideas, etc. que parten del deseo (eros), de la necesidad de buscarnos y encontrarnos que tenemos todas las personas. Por lo general, el deseo erótico empezará a expresarse de una forma más madura y satisfactoria en la adolescencia.

 

LAS PRÁCTICAS ERÓTICAS

Son todas las prácticas que parten del deseo (eros, en latín) entre dos personas. Esto sería lo que coloquialmente llamamos el sexo que se hace.

La erótica tiene infinitas posibilidades y todas son válidas, siempre que partan del deseo mutuo, del consentimiento y de la libertad para expresarse. Ciertas prácticas pueden parecernos más raras o menos frecuentes, otras más típicas o habituales y muchas de las prácticas que nos pueden gustar no siempre son las que hacen los demás o las que salen en las películas.

Con las prácticas eróticas también sucede algo curioso, tradicionalmente sólo se ha considerado una de ellas (el coito vaginal –heterosexual y bajo unos cánones de belleza y perfección, si nos apuramos–) como la única práctica válida mientras que todas las demás se han considerado prácticas previas al coito, prácticas de segunda, o incluso prácticas prohibidas.

Desde la Sexología, ofrecemos un planteamiento mucho más amplio en el que todas las prácticas son igualmente válidas y satisfactorias; y proporcionamos a las personas un marco en el que comunicarse es la piedra angular. A lo largo de la vida, las personas van experimentando diferentes prácticas para ir conociendo cuáles les gustan más o menos, cómo les gustan y qué prácticas gustan también a las personas que eligen como parejas.

Otras prácticas pueden parecer obligatorias, da la sensación de que todas las personas las mantienen, de que son las más placenteras y que si no están presentes en un encuentro, éste parece peor o incompleto, pero solo hay una regla: "Las relaciones están para disfrutarlas".

Tanto si se tiene pareja como si no, tanto si se realiza el coito como si no, tanto si se tienen orgasmos como si no, todas las prácticas son válidas, completas y satisfactorias.

Para disfrutar con lo que hacemos no hay trucos ni recetas. Como decíamos, cada persona es única, es imposible que a todas nos gusten las mismas cosas. Por lo tanto, más que seguir indicaciones, es importante buscar nuestros caminos, pues cada persona tiene uno (o varios) distintos.

Hay muchas vivencias de las prácticas eróticas, incluso en diferentes momentos, generalmente positivas, pero también negativas. Por ello, no hay que olvidar que podemos pedir ayuda cuando nos surjan dudas para ayudarnos a tomar las decisiones que consideremos adecuadas.

Por si acaso, aquí van algunas pistas para seguir y algunos mitos que destruir:

(1) Con miedo no se disfruta igual

Por supuesto que no. El miedo, el agobio, la preocupación, la ansiedad… son emociones estrechamente emparentadas que a menudo se asocian con las prácticas eróticas.

Cuando tenemos una relación erótica con otra persona, una clave para disfrutar es estar centrada/o al cien por cien en la relación, evitando miedos y preocupaciones. Para ello, es imprescindible estar de acuerdo con lo que se puede hacer o lo que puede pasar.

Uno de los más habituales es el miedo al embarazo o a contraer una infección... en ese caso, hay cosas que es mejor pensarlas y hablarlas antes, para tener previsto qué método anticonceptivo vamos a utilizar, así poder tener ese tema resuelto y dedicarnos a disfrutar.

Otro miedo común puede ser a que hagamos o nos hagan algo que no nos guste o en lo que no estemos de acuerdo. Es importante tener en cuenta que la comunicación es una parte primordial de las relaciones eróticas y tenemos derecho a parar, a seguir, a emprender, a proponer, a decir que no o a decir que sí cuando así lo sintamos.

(2) La otra persona no siempre sabe lo que nos gusta

Claro que no. Hay tantas sexualidades como personas, igual que hay tantos deseos y gustos que sería imposible conocerlos de antemano. Pero por suerte, una relación erótica trata de algo más que de interpretar un papel o tocar lo genitales de una determinada manera, y una vez más, si cada uno/a de nosotros/as somos únicas/os, es que las demás personas también lo son. Por eso, las relaciones siempre tienen que estar abiertas a lo que la otra persona nos quiera decir, y al revés, nosotras/os podemos hacer ver a nuestra pareja lo que nos va gustando y lo que no, al fin y el cabo, se trata de pasarlo bien.

Por eso no importa la experiencia pues la primera vez con cada nueva/o compañera/o es como la primera de todas las primeras veces, y además no por eso va a ser menos placentera.

Tener una relación no es como ir a un examen donde tenemos que sacar un diez, se trata de mostrarnos como somos, de equivocarse y aprender a arreglarse, y de respetar los deseos del otro pero también expresando los nuestros.

(3) Se puede disfrutar sin penetración

Un sí rotundo. ¿No hemos dicho que todas las relaciones son completas? El coito, la penetración, es una más, pero ni la única, ni la mejor, ni la más importante. Cada una/o disfrutará a su manera, y no todo el mundo prefiere el coito. La penetración es una opción pero no tiene por qué eliminar todo lo demás, y mucho menos convertirse en lo que definirá que una relación haya salido bien o mal. Tenemos muchas opciones y maneras de disfrutar.

(4) La sexualidad está para cuidarla

Por el modelo de sexualidad que aprendemos, muchas veces parece que las relaciones eróticas tienen que ser de una determinada manera: tenemos que tener una pareja del sexo opuesto, tenemos que tener siempre ganas, tenemos que realizar una penetración perfecta, no podemos fallar…

Ya hemos desmontado algunos de estos mitos, pero otro de ellos es la autenticidad. Parece que las relaciones auténticas, las realmente buenas, no se planean, simplemente surgen, sin embargo ¿cómo de seguros/as podemos estar de esto?

Sabemos que con miedos o preocupaciones no se disfruta igual, pero con interrupciones y prisas tampoco, por lo que tener un espacio tranquilo para disfrutar de los encuentros eróticos y mostrarse espontáneos/as puede ser una clave de utilidad.

 

LA PAREJA

La pareja es la interacción básica de los seres sexuados. Si hay tantas sexualidades como personas, las posibles combinaciones de pareja son infinitas.

Existen muchos tipos de pareja en función del sexo, la edad, la cultura, el nivel de compromiso, el estatus y una infinidad de factores. Pero por lo general, la mayoría de parejas se definen por tres características:

  1. Deseo. Las parejas se desean, se buscan, se eligen y se construyen. La pareja es algo más que la suma de sus partes. Es quizá la característica que diferencia las parejas de los amigos. Aquí se enmarcan las relaciones eróticas.
  2. Intimidad. Las parejas comparten su tiempo, sus espacios, sus ideas y actitudes, se comunican y negocian. La intimidad es el pegamento que mantiene unidas a las parejas.
  3. Compromiso. Las parejas tienen una proyección futura, planes y proyectos, ya sea quedar esta tarde, hacer un viaje, formar una familia o montar un negocio.

Además, las parejas también se definen por la historia, la cultura, los límites con otros elementos vitales (como la familia, los amigos o el trabajo),  los roles entre ambos, la existencia de relaciones de respeto mutuo o de violencia, etc. Y por supuesto, la pareja no es algo estático, cambia con el tiempo: las parejas se unen y se separan, empiezan y se terminan sin que eso suponga un riesgo vital para la vida. Repetimos, no es peligroso no tener pareja o terminar una relación. Es duro.

 

Buscar y mantener una pareja tampoco es fácil. Imagina dos universos enteros, dos biografías, dos personas de su padre y de su madre, que eligen estar juntos y aprender a convivir. Pueden surgir infinidad de problemas y de satisfacciones. Para facilitar este camino, también se pueden seguir algunas pistas y desmontar algunos mitos:

  • Los problemas en pareja son síntoma de que algo va mal.

No. En pareja no se puede ser democrático porque entonces los problemas, los desajustes se viven como un crimen de guerra. La pareja es el marco perfecto para comunicar y negociar cómo satisfacer ambas necesidades. Unas veces ganaré yo, otras tú y otras negociaremos y ganaremos los dos.

  • La magia acaba por desaparecer.

N tiene por qué. Todos/as conocemos parejas que continúan queriéndose y relacionándose prácticamente como el primer día. El enamoramiento puede terminarse y desaparecer –afortunadamente- pero el amor entre dos personas puede continuar. Es importante mantener un equilibrio razonable entre lo lógico y lo mágico en pareja.

  • Ya cambiará. Ha cambiado.

Pues claro. Las personas en pareja no dejamos de ser personas, hombres o mujeres, y seguimos cambiando o decidimos no cambiar. Que yo espere que mi pareja cambie por arte de magia o todo lo contrario, esperar que mi pareja no cambie, es un absurdo. Suele rentar más comunicar y negociar posibles cambios.

  • Uno de los dos siempre lleva la razón.

Nunca. Hay tantas razones como miembros en la pareja. Un mismo hecho puede ser contemplado de formas distintas por los miembros de una pareja. Discutir por el hecho de quién tiene razón, quién está en posesión de la verdad sólo lleva a contaminar y deteriorar la pareja. Es mucho más fácil hablar y tratar de resolver o aceptar que es imposible estar de acuerdo en todo.

  • En pareja no puede hacerse nada gratis.

Falso. El motor de la pareja, el deseo, se expresa a través de gestos, de comportamientos dirigidos a agradar y satisfacer a la otra persona. Y estos gestos tienen que ser mutuos, pero no necesariamente iguales o correspondientes. En pareja se pueden hacer cosas sin esperar nada a cambio y cosas esperando una retribución… pero habrá que comunicarlo.

  • La pareja me debe completar, ser mi media naranja, mi príncipe azul…

Imposible. La pareja no deja de ser un aspecto más en la vida de las personas, importante, pero tanto como el amor propio, el trabajo, la familia o los amigos. Esperar que alguien nos complete o que tengamos que elegirlo adecuadamente es un error bastante común. Las personas somos muy diferentes, en pareja se trata más de ser compartible que de ser compatible.

  • Mi pareja tiene que saber lo que quiero, pienso, necesito…

Tampoco. Las personas, hasta ahora, somos incapaces de leer mentes. Aunque parezcan obviedades, si no comunicamos, es muy difícil que las personas se den cuenta de cuáles son nuestras necesidades e ideas.