SEXO 

Desde la Sexología, el sexo es el resultado de una serie de procesos biológicos y aprendidos que, durante toda la vida, nos construyen como seres sexuados, como hombres y como mujeres. A estos procesos, les denominamos sexuación.

Y decimos hombres y mujeres (y no hombres o mujeres), porque en realidad no existe el hombre puro, ni la mujer cien por cien mujer. La sexuación transforma a todas las personas en hombres y en mujeres. Es un proceso muy complejo, que se extiende desde la concepción hasta la muerte y que abarca millones de características. A este fenómeno le llamamos intersexualidad, la cualidad que tienen todas las personas de tener características de ambos sexos.

Imagina que cada una de estas características (por ejemplo, cuánto vello tenemos en el cuerpo, si llevamos calzoncillos o llevamos falda, si nos gusta el fútbol o la cocina, si nos gustan los hombres o las mujeres, si nos orientamos mejor con un mapa o preguntando…) fuesen ladrillos que se usa para construir una pared.

Cada ladrillo sería un lienzo en blanco, que se irá pintando de un color hacia el azul o hacia el rosa más fuerte (y sabemos lo capcioso de usar estos colores, pero es más fácil explicarlo así).

Los ladrillos empiezan siendo biológicos y los genes y hormonas los van pintando (sexuando) hacia lo azul o lo rosa. Pero la mayoría se aprenderán, y se pintarán (sexúan) por lo que nos enseñan (nuestra propia experiencia, nuestra familia, nuestros amigos y amigas, lo que vemos en TV, etcétera).

Poco a poco, y durante toda la vida, las características (los ladrillos) construirán un sexo (una pared). Es decir, las paredes, vistas en cojunto, se verán como azules o rosas, como la mayoría de personas se identifican -y las identifican- con uno u otro sexo. Sin embargo, en cuanto prestas atención al detalle, a los ladrillos, en todas las paredes hay características de ambos colores. Vamos que todas las personas tienen características masculinas y femeninas.

Entre todas y todos, acordamos que ese azul suelen ser características masculinas y ese rosa, características femeninas. Pero esta idea cambia en función de la historia, la cultura, la biografía de cada persona y nunca es estable. Por ejemplo, en la España de los años 40 y 50 era impensable que una mujer llevara pantalones (vamos, que una pared “rosa” tuviera ese ladrillo “azul”).

Siguiendo con ejemplos, una persona que tiene poco vello en el cuerpo, diremos que tiene ese ladrillo de un color rosa; si tiene mucho vello en el cuerpo, de un color azul; y si tiene una cantidad moderada de vello, diríamos que tiene el ladrillo de un color morado.

No es sencillo. Son muchas características, que pueden tener muchos niveles y combinaciones (por ejemplo, el tamaño y altura de los huesos, la proporción de grasa corporal y masa muscular, el timbre de la voz, etcétera). Muchas características (por ejemplo, cómo expresamos nuestras emociones, qué películas nos gusta ver en el cine, la cantidad de detalles que aportamos al hablar) dependen de todo lo que hemos aprendido y de lo que demanda una situación específica.

Y además, las paredes se relacionan entre sí, los hombres y las mujeres se hablan, se relacionan, se desean… dando lugar a más resultados sexuados: las parejas. ¡Un jaleo! Pero desde la Sexología, tratamos de ofrecer un pequeño “mapa” para orientarnos en todo este territorio. Algunos aspectos para movernos en este mapa son:

 

SEXO BIOLÓGICO

La primera característica sexuada (el primer ladrillo que se colorea) es el sexo cromosómico, es decir, si nos toca XX (mujeres) o XY (hombres). Este pequeño ladrillo empieza a colorear a muchos otros y poco a poco, mientras se forma un embrión, se producirá una diferencia obvia, los genitales.

A esta característica se le da tanta importancia que incluso antes de nacer, empiezan a tratarnos como hombre o mujer (“¿es niño o niña?"). Pero ya estamos viendo que el sexo no son nuestros genitales, aunque pueda tratarse de un hecho importante en su construcción (un ladrillo muy vistoso en la pared, vaya).

Por cierto, los genitales parecen ser siempre azules (pene, escroto) o rosas (vulva, clítoris), pero muchas personas nacen con genitales intermedios. A estas personas, se les suele denominar intersexuales, aunque desde la Sexología preferimos la palabra intergenitales, ya vemos que el sexo son más cosas.

Antes de nacer y a lo largo de toda la vida, en nuestro cerebro, también parece que existen diferencias que dependen de las hormonas. Además, en la adolescencia, genes y hormonas volverán a pintar ladrillos de colores, y el resto de órganos de nuestro cuerpo también se sexuarán: por ejemplo, será muy fácil diferenciar si una mano o una silueta son de mujer u hombre, aunque haya excepciones, puesto que la sexualidad es diversidad.

 

SEXO PSICOLÓGICO Y SEXO SOCIAL: EL SEXO APRENDIDO O GÉNERO

Sin embargo, con el nacimiento no termina la construcción del sexo. Todo lo que aprendemos y nos enseñan no será igual para hombres y mujeres. Nos vestirán de uno u otro color, nos hablarán de forma distinta y sobre todo, esperarán cosas distintas de unas y otros. A todas estas características que vamos aprendiendo, le solemos denominar género.

Por poner un ejemplo, si preguntamos a qué juegan los niños y a qué juegan las niñas, muchas personas dirán (y sin ánimo de enjuiciar), que los niños juegan al fútbol y las niñas a las muñecas. No dudamos de que puedan existir ciertas preferencias por estos juegos, pero las reacciones de los demás ante los niños que juegan al fútbol y las niñas que juegan a las muñecas no son las mismas que ante los niños que juegan con muñecas y las niñas que juegan al fútbol. Esto por ejemplo, sería una forma de pintar un ladrillo (el juego) de azul o de rosa.

Lo mismo ocurre con otras muchas características como reconocer y expresar emociones, hablar y relacionarnos, vestirnos, que se nos dé mejor las matemáticas o la lengua, y un largo etcétera.

Con toda esta sucesión de características, también se va construyendo nuestro sexo, el hombre o la mujer que somos. Y esta idea terminará siendo independiente de nuestras características. Es decir, que ser hombre o ser mujer será algo más que los genitales que se tienen, lo que pone en nuestros genes o lo que hemos aprendido.

Por cierto, es importante saber que, aunque ninguno de los sexos sea mejor ni peor, tenemos diferencias, no somos iguales, y eso no es malo, todo lo contrario. Que seamos sexuados hace posible la atracción, el deseo, el amor... Otra cosa totalmente distinta son las desigualdades y diferencias sociales que se establecen en función al sexo, como que hombres y mujeres cobren menos, por ejemplo.

El sexo es, como veremos, muy importante para entender nuestras vivencias, nuestras sensaciones, el deseo, el placer y otras muchas cosas de las que probablemente sí estemos más acostumbrados/as a oír hablar.

 

IDENTIDAD SEXUAL

La identidad sexual podría definirse como la conciencia del sexo que somos: hombre o mujer. La identidad sexual tiene que ver con aquello que somos, el sexo en el que nos reconocemos e identificamos.

Esta identidad suele coincidir con los genitales que se tienen, es decir, las personas que se identifican como mujeres suelen tener vulva y las personas que se identifican como hombres suelen tener pene. Eso se llama cisexualidad (o cisgénero).

También hay personas en las que la identidad sexual no coincide con su sexo biológico. Esto se denomina transexualidad o transgénero. En muchos casos estas personas emprenden un proceso que les lleve a verse y a sentirse más acordes a su identidad sexual.

A lo largo de este proceso, pueden aparecer dudas o dificultades, por lo que puede resultar útil ponerse en manos de profesionales que sepan cómo acompañar a estas personas. Desde el CJASM podemos orientar sobre dónde acudir en esos casos.

 

ORIENTACIÓN DEL DESEO

Otra característica -otro ladrillo- a la que se le suele dar una gran importancia es la orientación del deseo, es decir, si nos gustan hombres o mujeres (o ambos, o más unos que otras, etcétera).

Llamamos heterosexuales a las personas que se sienten atraídas por personas del sexo opuesto, homosexuales a las personas que se sienten atraídas por personas del mismo sexo, y bisexuales a las personas que se sienten atraídas por ambos sexos.

Para la Sexología, la orientación se refiere a la vivencia de la persona, no a las prácticas que esta persona realice con su(s) pareja(s) o a los comportamientos en su vida diaria (cómo se mueve, cómo habla o a qué le gusta jugar). Esto tiene más que ver con etiquetas sociales que con la orientación de cada persona.

Por ello, una persona no es más o menos homosexual porque tenga más relaciones con gente del mismo sexo, ni más o menos heterosexual porque tenga unas otras aficiones, sino porque se vive a sí mismo de esta manera. Igualmente, tener un sueño, una fantasía o una aventura con alguien de un sexo determinado no define directamente nuestra orientación.

Al igual que con el sexo, no hay una orientación mejor ni peor. Cada una es digna de respeto. Respeto hacia uno/a mismo/a, sus propios gustos y preferencias, pero también a nuestra pareja, si la tenemos, y a las demás personas.

También pueden aparecer dudas o dificultades relacionadas con la orientación, por lo que puede resultar útil ponerse en manos de profesionales que sepan cómo acompañar a estas personas. Desde el CJASM podemos orientar sobre dónde acudir en esos casos.

 

EXPRESIÓN DEL GÉNERO

Ya veíamos que el género hace referencia a todo aquello que nuestra cultura y nuestra sociedad espera tradicionalmente de nosotras y nosotros como hombres y mujeres.

El género abarca tanto comportamientos (como vestirnos con pantalones o con vestidos, gesticular más o menos mientras hablamos, cocinar o conducir), como formas de gestionar nuestros pensamientos y emociones (comunicárselo a nuestras amistades, callar lo que pensamos, gritar a alguien que nos ha enfadado), expectativas y atribuciones (como creer que “las personas tienen que casarse”, “una mujer no debe gritar”, “un hombre no debe llorar”), y un largo etcétera.

Pues bien, la expresión del género sería la serie de comportamientos que una persona lleva a cabo frecuentemente y con los que más se identifica. Por ejemplo, vestir ropa ancha y escuchar hip-hop, llevar vestidos, cocinar y soñar con encontrar un príncipe azul, jugar al fútbol y salir los fines de semana a beber al parque, pintarse las uñas, etc. Serían diferentes ladrillos que irían construyendo también nuestra pared.

Esta expresión del género puede coincidir en mayor o menor medida con lo que la sociedad espera de nosotros y nosotras. Repasa los ejemplos anteriores y piensa si se dicen cosas diferentes de un hombre o una mujer que se comportan de esas formas.

 

IDENTIDAD DE GÉNERO

Progresivamente, la expresión de género irá creando una identidad de género, que no es otra cosa que el tipo de hombre, de mujer o de persona que cada uno y una desean ser.

Habitualmente, esto se reduce en adjetivos como “masculino” o “femenino”, pero realmente hay un sinfín de posibilidades como veíamos con la pared y los ladrillos. La sexualidad es diversidad y la diversidad no es peligrosa, es más, se trata de un valor básico para la sociedad y que merece un respeto imprescindible.