CONSULTA GINECOLÓGICA 

La consulta ginecológica es (o debería ser) el espacio dirigido a consultar y aclarar todas las dudas, preguntas y problemas relacionadas con la salud de nuestros genitales. Si aprendemos a conocer nuestro cuerpo y sus distintas etapas biológicas, podremos reconocer los cambios, advirtiendo rápidamente cualquier señal de alarma. De esta forma, asumimos el protagonismo y la responsabilidad que nos corresponde en el cuidado de nuestra salud sexual y reproductiva.

Cuando acudas a consulta ginecológica, es normal que te hagan preguntas como ¿qué te pasa?, ¿qué sientes?, ¿desde cuándo?, etc. Será de ayuda a la/el profesional que contestes de forma clara y natural y, por supuesto, no dudes en pedir aclaraciones de aquello que no entiendas. Es tu derecho.

Recuerda que tu cuerpo, tu salud y tu bienestar dependen de ti y del/de la profesional que te atiende. Tienes derecho a ser informada adecuadamente de todo lo que precises, así como a recibir un trato de respeto y confidencial.

Confía en tu médica/o, tiene conocimientos y medios para ayudarte. Si no tienes confianza o tienes algún problema que él o ella no haya sabido resolver, puedes ejercer tus derechos y poner una reclamación. Si no puedes solucionarlo, tienes la posibilidad de consultar con otro/a profesional.

El diagnóstico y el tratamiento que te indiquen son tu responsabilidad y de ti dependerá hacerlo correctamente.

 

CUÁNDO CONSULTAR AL MÉDICO/A O GINECÓLOGO/A

Éstas son algunas de las consultas más habituales por las que recomendamos acudir a consulta ginecológica:

  • Secreción vaginal o flujo: si el flujo vaginal aumenta anormalmente y/o cambia de color o de olor.
  • Picores vulvares o vaginales: debemos consultar siempre cuando notemos picores o sensación de quemazón, sobre todo si se acompañan de flujo anormal.
  • Granitos, verrugas o heridas en la vulva.
  • Fiebre y dolor en la parte inferior del abdomen.
  • Bulto en los genitales externos.
  • Reglas irregulares: está indicado acudir a consulta cuando las reglas siguen siendo irregulares cinco o seis años después de la primera regla (por ejemplo, que vengan cada tres semanas o que vengan cada dos meses y medio).
  • Reglas muy abundantes: si manchas durante ciclos entre regla y regla.
  • Ausencia de regla: si te falta la regla uno o más meses y/o sospechas que podrías estar embarazada.
  • Dolor en la regla: estaría indicado consultar cuando las molestias te impidan realizar tus tareas habituales. También puedes consultar si el dolor se hace cada vez más intenso o cuando aparece tras unos años de reglas no dolorosas.
  • Bulto en el pecho: la mayoría de los bultos desaparecen después de la regla y no son debidos a nada malo. No obstante, cuando persistan durante más de dos ciclos acude a la consulta.
  • Infertilidad: si no te quedas embarazada al cabo de un año de intentarlo, acude a la consulta.

La mayoría de estos problemas pueden esperar a una consulta con cita normal, pero si consideras que el problema es urgente por la intensidad de los síntomas, puedes acudir a las urgencias de un centro médico.

Aparte de las consultas médicas que hemos enumerado anteriormente, existen otros motivos por los que podemos acudir a consulta médica sin tener enfermedad. El más frecuente es la información y/o receta de métodos anticonceptivos.

Respecto a la prevención de enfermedades ginecológicas e infecciones de transmisión genital, actualmente sólo se recomienda la realización de citologías cervicales periódicas. 

La citología cervical (citología de cérvix, del cuello uterino o test de Papanicolau) permite visualizar cambios precoces que a la larga, generalmente varios años después, podrían desencadenar consecuencias más nocivas. Detectar estas lesiones con antelación nos permite actuar con calma, realizando tratamientos sencillos o vigilando las lesiones mediante revisiones.

La primera citología debe realizarse tras al menos dos años del inicio de las relaciones eróticas con penetración vaginal. Si la citología es normal, se puede realizar cada tres años.

El resto de pruebas o exploraciones periódicas (ecografía trans-vaginal, ecografía abdominal, exploraciones mamarias…) en ausencia de síntomas o sin otros factores de riesgo (como antecedentes de cáncer familiar o prácticas con posibilidad de transmisión de infecciones) no han demostrado prevenir ni detectar enfermedades, ni mejorar la evolución de enfermedades ya establecidas.

En conclusión, una mujer sana no requiere realizarse revisiones ginecológicas periódicas. La única prueba recomendable es la citología cervical a partir de los veinticinco años y nunca antes de que hayan pasado dos años del inicio de las relaciones eróticas con penetración vaginal. Esta prueba siempre que sea normal se realizará cada tres años.

 

EN QUÉ CONSISTE LA CONSULTA GINECOLÓGICA

La primera vez que acudes a consulta médica ginecológica, lo habitual es que te realicen la historia clínica a través de preguntas para reunir la información necesaria y después ir resolviendo tus dudas y problemas.

La mayoría de las preguntas son sencillas (la edad, tu frecuencia menstrual, si te has hecho alguna prueba o si usas algún método anticonceptivo). Muchas mujeres nos ponemos nerviosas cuando acudimos a una consulta, es normal. Intenta responder de forma clara, tómate tu tiempo y si no entiendes o no sabes algo, tienes derecho a preguntar y que te informen, seguro que intentarán ayudarte a resolverlo.

En función de tu consulta puede ser necesario realizar una exploración para resolver el problema por el que acudes.

Para poder explorar tus genitales el/la médico/a te pedirá que te tumbes en la camilla ginecológica, en ella es necesario separar la piernas y apoyar los talones en unos soportes adecuados para ello. La postura no es muy cómoda, pero facilita que los genitales estén accesibles a la vista.

Para la exploración del interior de la vagina y del cuello del útero se utiliza el espéculo. El espéculo es un instrumento tubular que se parece al pico de un pato, se introduce cerrado en la vagina y cuando llega al cuello del útero se abre, separando las paredes de la vagina y permitiendo que se pueda ver el interior y recoger muestras del flujo para realizar una citología, según el objetivo de la exploración.

El espéculo introducido con cuidado no tiene por qué hacer daño. Es importante tratar de estar relajada, ya que esto favorece la labor del médico o la médica que te esté atendiendo.

La citología vaginal consiste en recoger con una espátula algunas células de la vagina, el cuello del útero y el canal que comunica la vagina con el interior del útero. Estas células se depositan en un cristal, se tiñen y se observan al microscopio. La información que aporta esta prueba, permite descartar lesiones que pueden volverse malignas con el paso del tiempo.

Otra exploración que te pueden realizar es el tacto vaginal. Para ello, la/el médico/a  introduce en la vagina los dedos de una mano y con la otra mano presiona sobre el abdomen, explorando de forma muy general los genitales internos.

La consulta médica, es una responsabilidad compartida entre tú y el/la profesional. Todo procedimiento relacionado debe ir asociado a un consentimiento informado, esto significa que el/la médico/a tiene la obligación de informarte de las exploraciones y/o pruebas que te vaya a realizar, pedir tu consentimiento y guardar absoluta confidencialidad.

Asimismo, tienes derecho a una información adecuada y comprensible de los resultados derivados de las exploraciones y a participar de las decisiones propuestas para resolver tu problema.