Hablemos de menopausia. Espera, no salgas corriendo. ¿Has escuchado el término alguna vez? Puede que sí, o puede que no. Tal vez te suene más por esas frases típicas de “¡Ay, qué calor! Estoy menopáusica”, pero no, no significa que tengas calor. Puede que también lo asocies a personas más mayores. Cincuentena, sesentena… Y ahora es cuando te preguntas: “¿Y qué tendrá que ver eso conmigo?”. Si te quedas, te lo contamos.

Si ya has tenido la regla alguna vez, sabrás lo que es la menstruación. Además, puede que en el colegio o el instituto te hayan hablado sobre ella. Pero más allá de lo que hayas escuchado desde fuera, puede que tú misma hayas observado que tu menstruación puede ir cambiando con el tiempo. Quizá las primeras reglas fueran más irregulares, dándote sorpresas visitándote dos o más veces en un mismo mes, o saltándose otros. Es posible que, durante los años siguientes, se te estabilizaran un poco más (¡Ojo! Los ciclos irregulares existen, y tenerlos no es indicativo de nada malo), y puede que notaras cambios en cuanto a tiempo de duración del ciclo, cantidad de sangrado, indicativos de que vas a menstruar – si los tuvieras – diferentes

En realidad, si te fijas mucho, prácticamente no hay dos ciclos menstruales iguales. Esto se debe a que nuestro cuerpo y sus reacciones van cambiando, a que nuestras circunstancias vitales pueden ser diferentes, y a que esos ciclos los controlan las hormonas. Concretamente, la progesterona y los estrógenos. Estos cambios son absolutamente normales. Mira tu cuerpo, ¿a que no es el mismo que cuando tenías ocho años? Pues tus ciclos menstruales tampoco. Conforme vayas creciendo, tu cuerpo continuará cambiando, tus niveles hormonales también, y llegará un momento en que te encontrarás con la menopausia. Bueno, encontrarte encontrarte… ¡ni que fuera la vecina del cuarto!

La menopausia no hace aparición hasta que hay un cese completo de sangrado menstrual durante un mínimo de 12 meses seguidos, y suele darse entre los 45 y los 55 años (aunque también hay personas a quienes les ocurre antes, y otras a quienes les ocurre después). ¿Recuerdas los estrógenos y la progesterona? Son los responsables, puesto que los ovarios dejan de producir o producen en mucha menor medida estas dos hormonas, provocando algunos cambios importantes: cambios en la figura corporal, algunos sofocos o acaloramientos, posibles cambios de humor, insomnio…

Sin embargo, es muy curioso cómo esos síntomas, que en realidad pueden aparecer en muchas ocasiones sin estar asociados a la menopausia, de pronto se empiezan a considerar como un signo de acercamiento a la vejez. Nada más lejos de la realidad. La menopausia NO es sinónimo de haber envejecido de golpe, ni de que se vaya a dejar de disfrutar de la vida y el propio cuerpo. Es más, incluso hay estudios que observan que la vivencia de la menopausia es diferente para cada persona, y para cada sociedad. En aquellas sociedades en que se ve la menopausia como algo negativo, la vivencia de la misma conlleva más problemas, justo al contrario de lo que ocurre en aquellas sociedades en las que la menopausia se ve como un estadio más en la vida de las personas.

Por todo ello, la próxima vez que escuches algo sobre menopausia, párate a pensarlo de forma crítica:

  • Estar en fase de menopausia es sinónimo de vejez”. La menopausia solo es evidencia de un cambio hormonal, la vejez es un proceso mucho más largo y complejo. ¿A que, cuando cumples años, a la hora exacta en que naciste, no te da un vuelco el cerebro y el cuerpo y se transforman de golpe? Con la menopausia tampoco.
  • Todas las personas con menopausia tienen calores”. Seguro que alguna vez te has acalorado, y nada ha tenido que ver la menopausia. Puede que resulte molesto, y sin lugar a dudas puedes expresarlo, pero si tener calor nunca ha sido algo vergonzoso, ¿por qué iba a serlo ahora? Además, lo de “todas”… Es muy difícil generalizar hablando de personas.
  • La menopausia conlleva cambios bruscos del humor”. Seguro que tú también has tenido un cambio de humor, o has estado irritable cuando algo te molestaba sin haber tenido la menopausia. También, si te enfadas, posiblemente sepas manejar ese enojo de formas que no impliquen un daño (no vas a ir rompiendo mesas por la vida, ¿no?).
  • Con la menopausia llega el fin de tu vida sexual porque se te van las ganas”. La vida sexual de una persona puede ser asombrosamente variada, y mantenerla o no depende de lo que cada persona desee, no de si se tiene o no la menstruación. Hasta un mal día por un problema con algún/a amigo/a puede quitarte las ganas, y no significa que no vayan a volver nunca jamás.
  • Con la menopausia se te reseca la zona genital y las relaciones sexuales duelen”. ¿Las relaciones sexuales solamente incluyen los genitales? ¿Abrazamos y besamos con nuestros penes y/o vaginas? ¡Claro que no! Hay una infinidad de cosas por hacer divertidísimas. Y, además, ¿para qué están los lubricantes y los geles íntimos?
  • Con la menopausia llega el fin del atractivo físico”. El atractivo es una cuestión de gustos. Seguro que alguna vez habéis estado hablando con las amigas de quién os gusta y ha saltado alguna con “pero, ¿cómo te puede gustar ese?”. Como para ponerse a debatir lo que le gusta o lo que le parece atractivo a cada persona…

Así pues, sin descartar que, efectivamente, la menopausia lleva asociados cambios biológicos importantes y, por tanto, puede tener consecuencias físicas, la pregunta que nos hacemos es: “¿por qué cuando estas señales se dan fuera del momento de la menopausia se comprenden, pero cuando se asocian a ésta las tratamos como signos de una enfermedad?”. Todo el mundo a lo largo de su vida puede sentir calor o frío, estar irritable o sentirse tranquila/o, y puede tener más o menos ganas de mantener relaciones, y todo ello por muchísimas razones diferentes. Incluso habrás comprobado alguna vez que hay días en los que te miras al espejo y piensas “¡Qué monísima/o estoy!”, y otros en los que la reacción no es ni de lejos esa. De esta forma, no podemos esperar que solamente los cambios hormonales de la menopausia – o de la menstruación – expliquen todas las vivencias que podamos tener.

Precisamente por esto, queremos decirte algo que, seguro, ya intuías: tu cuerpo va a cambiar, y tus ciclos menstruales también. Es un proceso absolutamente normal, y lo importante es vivir con estos cambios y continuar disfrutando de tu vida. Y si consideras que este artículo todavía te queda muy lejos… enséñaselo a alguien a quien le pille de cerca, ¡te lo agradecerán!