Seguro que has escuchado millones de veces que alguien ‘siente mariposas en el estómago’. Incluso puede tú mismo/a lo digas. ¡Incluso que las hayas sentido! Pero, ¿y si te decimos que más bien es la adrenalina haciendo de las suyas?

 

Muchas de las sustancias que libera nuestro cerebro cuando nos enamoramos, y durante los encuentros eróticos, nos hacen sentir de manera muy muy intensa y pueden también hacer que confundamos nuestras emociones y sentimientos por un momento.

 

Antes de contaros cómo funcionan cada una de estas sustancias y cómo afectan a nuestras emociones, hagamos un repaso y distingamos entre deseo, enamoramiento y amor, ya que son procesos totalmente relacionados pero que tienen grandes diferencias entre sí.

 

  • Deseo: es un estado subjetivo que nos lleva a buscar el contacto y la interacción sexual. Esas ganas de “hacer algo”, de “tener algo con alguien” erótico, relacional o amoroso. Parte de nosotros/as mismos/as, es un impulso interno de encuentro y acercamiento. No es algo que sintamos igual todas las personas. El deseo puede llevarnos a la excitación, que serían todos los cambios fisiológicos que se despiertan en nuestro cuerpo.

 

  • Atracción: es como ponerle rostro al deseo, dibujarlo y darle forma. Ya no tiene que ver sólo con las fantasías y las ideas que revolotean en nuestra cabeza y cuerpo. Es algo que va dirigido a algo concreto, a alguien concreto.

 

  • Enamoramiento: es otro proceso conectado con el deseo, la atracción y el sentimiento de vinculación, la mayoría de las veces. Lo canalizamos hacia una persona y tenemos esa sensación de que ésta es insustituible. Las emociones y los sentimientos parecen que tienen nombre y apellidos. Sentimos que todo gira en torno a ella, que no hay nadie más y que es la única en el mundo que puede hacernos sentir así. Por supuesto no le vemos ningún fallo y queremos pasar todo el tiempo a su lado, sentimos como si de verdad un imán nos atrajera. Se producen una serie de cambios hormonales en nuestro cerebro que nos hacen sentir felicidad, plenitud y que ponen a la otra persona en el centro de todo. Demos gracias a que es un estado pasajero y no durará para siempre, porque por muy bonito que suena es insostenible a largo plazo (si no, qué cansancio ¿no?).

 

  • Amor: el enamoramiento es algo que tiene fecha de caducidad y es aquí cuando las relaciones pueden acabar o continuar de manera diferente, y no por ello peor. Es un sentimiento más complejo que implica trabajo, esfuerzos, vínculo, acuerdos, decisiones y compromiso. Ya no es una cosa que aparece, arrasa y que se siente incontrolable. Es algo más pausado y meditado.

 

Imaginemos ahora que conocemos a alguien nuevo que nos gusta mucho y tras ese primer encuentro erótico sentimos que se nos ha descolocado la vida. ¿Qué está pasando? ¿Qué hago con todas esas expectativas e ilusiones? ¿Y qué papel juegan las hormonas en todo esto?  Pues mucho más de lo que nos cuentan en las películas.

 

La adrenalina se libera cuando nuestro sistema nervioso se pone alerta ante un peligro o amenaza. Es posible que os estéis preguntando qué peligro puede haber en una relación sexual consentida y con alguien que nos gusta, lo entendemos. Si lo pensamos bien, tener un poco de miedo a la persona que te gusta o a un encuentro con ella es algo bastante comprensible, pues ponemos mucho en juego: nuestras expectativas, nuestra intimidad, nuestro cuerpo, nuestras inseguridades, nuestras ganas… La adrenalina provoca el aumento del ritmo cardíaco, aumento de la respiración y remueve los intestinos, de ahí los de las mariposas (resulta que lo que tienes son retortijones, de ilusión, pero retortijones).

 

La dopamina es la encargada de activar el sistema de recompensas de nuestro cerebro haciéndonos sentir gozo y motivándonos para buscar ese placer de nuevo, de ahí que nos haga sentir que queremos repetir y repetir los encuentros.

 

La serotonina, la famosa “hormona de la felicidad».  Nos provoca sensaciones de bienestar y tranquilidad, aportándonos felicidad en los momentos que es liberada. Regula nuestros estados de ánimos, el deseo sexual, el apetito….

 

La oxitocina es la responsable de esos sentimientos de conexión. Cumple un papel fundamental en el enamoramiento y en las relaciones sexuales. Tras el orgasmo liberamos altos niveles de oxitocina que provocan la búsqueda de vínculo y conexión con la persona. Actúa como gran desinhibidor y nos puede hacer sentir una pasión desenfrenada, vamos que puede dejarnos un poco atontados/as en el buen sentido de la palabra (aunque esto puede jugar en nuestra contra si no somos conscientes de ello, nos puede “cegar”).

 

Con todo este cóctel de hormonas viajando por nuestro organismo es bastante comprensible que durante un encuentro sexual y justo después podamos sentir esa necesidad de vínculo o conexión extrema con la persona, incluso aunque no la conozcamos mucho. Esto no nos garantiza que todas esas expectativas y sentimientos que estamos teniendo sean cien por cien lo que parecen.

 

Todo ello requerirá algo de tiempo, conocerse y ver si coincide lo que queremos y lo que buscamos con lo que quiere la otra persona o personas y lo que de verdad podemos aportarnos y compartir. Muy importante en este punto: activar la responsabilidad afectiva y poder así disfrutar de estas experiencias sin hacernos daño ni hacer daño a los demás, pero eso os lo contamos en otro post.

 

No nos gusta pensar que las hormonas nos engañan, más bien son ese “subidón” ante algo maravilloso que debemos disfrutar en el momento, pero reposar y repasar con más calma.