Imagen: Billie

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A la ocasión la pintan calva para Jesús López. Quiero decir, que la axila de Irene Montero le ha venido al pelo. El asunto pone los pelos de punta. ¡Vaya! Pelo otra vez… Y es que explicar esto da pereza porque es así como de Perogrullo.

La cosa es que este hombre de pelo en pecho -parece ser- ha aprovechado la oportunidad para que se hable de él. Pero usando una estrategia que es para tirarse de los pelos: faltar el respeto -el trabajo de nuestros políticos hoy, por otro lado-. Pero no nos desviemos. Ya lo dijo Forrest Gump: ‘tonto es el que hace tonterías’. Cambiemos hacer por decir y voilá!: trending topic en las redes. Enhorabuena, lo lograste.

Pero aun a sabiendas de que hay truco, este incidente desafortunado es una percha ideal para repasar una de las lecciones más básicas. Lo digo sin pelos en la lengua: las mujeres también tenemos pelo señores y señoras. Espero no haber causado ningún infarto tras semejante ¿descubrimiento? Que el vello corporal sea un carácter sexual secundario predominante en los hombres no lo hace exclusivo de ellos. Dicho de otro modo, el pelo no es vuestro patrimonio. Se siente.

¡Ojo! No os fieis ni un pelo de quien os diga que tener pelos donde quiera que sea es antihigiénico. No cuela. El vello corporal tiene múltiples funciones: originalmente actuaba como regulador de la temperatura, si bien esa necesidad la hemos más que cubierto con la ropa. Los pelos de la nariz impiden que entren microorganismos en ella; las cejas, que el sudor caiga sobre los ojos –a ver quién tose ahora a Frida Khalo-;  y en las axilas, el tema que nos ocupa, el pelo contribuye a la retención de olores.

Mención aparte exigen los genitales, donde el vello crece en abundancia, misma proporción en la que lo retiramos. Quizá sea por algo. Veamos. Como curiosidad, su presencia indicaba el grado de madurez sexual de los sexos y cuándo la mujer estaba lista para la procreación. Además crea una barrera protectora frente a los gérmenes, especialmente en la vagina, más ancha y accesible, y amortigua la irritación inherente al roce que se produce durante el coito. Pero a juzgar por lo abultado de la caja de las empresas de depilación láser, el estilo infantil nos resulta más apetecible en la actualidad. Oído cocina.

Depilarse o no depilarse, esa es la cuestión

Depilarse o no no significa ser limpia o no serlo. Los pelos estaban ahí primero y la depilación, que tampoco estamos diciendo que implique una amenaza o un riesgo para la salud, lo que sí es es una moda, un mandato cultural que pesa especialmente sobre las mujeres. Y por tanto ellas serán quienes decidan libremente si lo cumplen o no -y si se gastan el dinerito que cuesta, dicho sea de paso-. Aunque haya algunos que comprendan esto cuando las ranas críen pelo. Porque una de las cosas que está meridianamente clara es que tener o no tener vello no te hace ni mejor ni peor persona ni mucho menos interfiere en las competencias necesarias para desarrollar un cargo político, por seguir con el ejemplo. Así que zapatero, a tus zapatos.

Montero, Amaia OT, Julia Roberts, Madonna, Miley Cyrus, Drew Barrymore, Halle Berry y la mismísima Sofía Loren, icono de la belleza, hacen gala ahora del donde hay pelo hay alegría. Esperemos que a este hombre de medio pelo se le caiga el pelo por no cortarse un pelo y tomarnos el pelo. ¡Que no tenemos un pelo de tontas! Pero eh, pelillos a la mar Jesús y compañía, que éste es un asunto peliagudo y lo sabemos.