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El consentimiento se define por la RAE como “permitir algo o condescender en que se haga”, es decir, permitir o aceptar lo que otro solicita o propone. Lo que quiere decir es que al consentir algo, estamos permitiendo hacer algo. Por tanto, el consentimiento tiene que ver con los síes.

 

A veces damos por sentado que si una vez nos dijeron o dijimos que sí en alguna práctica o situación esto vaya a ser así siempre. Un sí en el pasado no condiciona un sí en el futuro. El consentimiento no es algo que se dé una vez y para siempre, si no que nos permite expresar en cada momento y situación qué queremos y qué no, establecer límites y respetarnos.

 

Las personas cambiamos de opinión en muchas ocasiones, no siempre queremos lo mismo, de la misma manera o de la misma persona. Todos y todas tenemos la libertad de decidir y no tenemos que tomarlo como algo personal.

 

Las relaciones deben ser consensuadas y deseadas, si la otra persona dice no, es no. Y si dice sí, es sí. Ahora bien, el consentimiento puede adoptar distintas formas, verbales y no verbales: me encantaría, es mi favorita, suena divertido, me gustaría eso, guiar con la mano… Y el no, también: estar callado/a, borracho/a o inconsciente, para, me haces daño, no me gusta, bueno…, no sé, eso no lo quiero, no me apetece, déjame, impedir determinado moviento, llorar, gritar, estar paralizado/a…

 

También puede ocurrir que empecemos un encuentro y una de las partes decida que no quiere seguir. No tenemos que sentirnos culpables ni culpar al otro por ello. El consentimiento no es ilimitado ni definitivo, sino que depende de la situación, es reversible y deseado, por tanto, puede cambiar en cualquier momento (y está bien).

 

Como el consentimiento a veces genera un poco de lío, ¿qué podemos hacer?

 

Podemos atender tanto al lenguaje verbal (lo que digo, la entonación, el tono de voz…)  como no verbal (gestos, expresión facial…) que también nos aporta muchísima información.

 

Preguntar es siempre una buena opción, nos permite expresarnos y que el otro también lo haga. Intentemos no dar por hecho. Por ejemplo: ¿te gusta esto? ¿Qué te apetece? ¿Te sientes cómodo/a? ¿Quieres que sigamos? ¿Te apetece si…?… Existen múltiples opciones.

 

Es importante ir asegurándonos durante el encuentro de que estamos cómodos/as, haciendo lo que nos gusta y apetece en cada momento. Sobre todo si se trata de las primeras veces con alguien. Y, por supuesto, pararemos cuando no sea así, incluso cuando solo lo percibamos, por respeto a la otra persona y a uno/a mismo/a.

 

El consentimiento debe darse en cada encuentro erótico sin importar el tipo de relación, tanto con una pareja de una noche como en nuestra relación de pareja… en ningún caso la otra persona tiene la licencia de hacer lo que quiera, sino que en cualquier relación erótica tiene que haber consentimiento por todas las partes.

 

Aprender a decir no es, valga la redundancia, un aprendizaje, en el que hacen falta información y herramientas. Una vez más, la educación sexual sí es necesaria.